Cada 14 de mayo, instaurada por el Colegio de Ingenieros, Chile conmemora el Día Nacional de la Ingeniería. La fecha recuerda la labor de reconstrucción que siguió al devastador terremoto de 1647: ingenieros que, con los recursos de su época, levantaron lo que el desastre había derribado. Una imagen poderosa. Una profesión forjada en la adversidad y en la capacidad de transformar el caos en sistemas funcionales.
Hoy, 378 años después, la Ingeniería Civil Industrial enfrenta su propio terremoto. No es de tierra. No derrumba edificios. Pero sacude con igual violencia los cimientos de lo que significa ser ingeniero en Chile y en América Latina.
Se llama Inteligencia Artificial Generativa. Y esta vez, la pregunta no es si sabremos reconstruir. La pregunta es si sabremos anticiparnos.
Un punto de inflexión que la profesión no puede ignorar
Los números son contundentes y merecen leerse con atención, no con comodidad.
Según McKinsey Global Institute, hasta el 30% de las horas de trabajo cognitivo podrían automatizarse al año 2030. No se trata de tareas industriales manuales. Se trata de análisis de datos, elaboración de reportes, modelamiento de procesos, optimización de cadenas de suministro, gestión de back-office, redacción de informes ejecutivos. Es decir, las tareas que hoy componen el núcleo funcional de cientos de ingenieros civiles industriales en sus primeros cinco a diez años de carrera.
El World Economic Forum, en su Future of Jobs Report 2025, señala que el 86% de los empleadores espera que la IA sea el principal motor de transformación de sus organizaciones al 2030, y que el 41% anticipa una reducción de dotación en las áreas donde la automatización sea viable. No es una amenaza abstracta del futuro. Es la agenda concreta de los directorios que hoy contratan a los egresados de nuestras facultades de ingeniería.
La CEPAL, en su análisis del impacto económico de la IA en América Latina elaborado por Jung y Katz, estima que la IA afectará directamente el 37% de las tareas vinculadas a profesionales de la ingeniería y la arquitectura. No al oficio completo. Pero sí a una parte lo suficientemente grande como para redefinir el valor del título.
Ante esta evidencia, cabe hacer una pregunta incómoda, pero necesaria: ¿está la Ingeniería Civil Industrial en Chile y Latinoamérica preparando a sus profesionales para este nuevo entorno, o los está formando para un mercado que ya está cambiando bajo sus pies?
El diagnóstico de las escuelas: formación sólida, pero con una brecha crítica
La formación de un Ingeniero Civil Industrial en Chile es, en su núcleo, rigurosa. Diez u once semestres que combinan matemáticas avanzadas, investigación de operaciones, simulación, gestión de operaciones, finanzas, economía, cadena de suministro, gestión de personas y sistemas de información. Un perfil de egreso orientado a “concebir, diseñar, implementar, optimizar y gestionar sistemas y procesos que agregan valor”, en palabras de las propias universidades líderes del país.
Sin embargo, la incorporación curricular obligatoria de inteligencia artificial generativa, machine learning aplicado a gestión, MLOps, ingeniería de prompts o diseño de agentes automatizados es, en la mayoría de los casos, prácticamente inexistente en el pregrado.
Hay excepciones. La UAI integró un track de Data Science en su malla de ICI desde la admisión 2021. La UNAB ofrece certificados en Ciencia de Datos e IA desarrollados con IBM, incorporados como tópicos de especialidad. La UDD ha abierto una carrera de Ingeniería Civil en Informática e IA con posibilidad de doble título articulado con ICI. Son señales positivas. Son, sin embargo, la excepción y no la regla.
En la mayoría de las facultades, la IA generativa es materia de postgrado, de educación continua o de iniciativa individual del estudiante. Eso significa que un egresado de ICI sale hoy al mercado con una sólida formación en métodos cuantitativos clásicos, pero sin haber trabajado de manera sistemática con las herramientas que sus empleadores ya están desplegando. La brecha no es de capacidad intelectual. Es de contenido curricular y de velocidad de actualización institucional.
Esta realidad no es exclusiva de Chile. En América Latina, programas como los de UPC en Perú, ITBA y UBA en Argentina, Universidad de La Sabana y UNAL en Colombia, ITESM en México y USP en Brasil avanzan en ciencia de datos e Industria 4.0, pero la IA generativa aplicada a la gestión de operaciones y negocios sigue siendo, principalmente, materia de posgrado o certificación autónoma.
La pregunta que deben responder los decanos, directores de escuela y comités curriculares no es si la IA va a transformar la profesión. Eso ya ocurrió. La pregunta es cuántos semestres más se puede postergar esa conversación en el pregrado sin comprometer la empleabilidad real de quienes egresan.
El diagnóstico de los profesionales: alta empleabilidad, pero un rol que se mueve
El mercado laboral para el ICI en Chile sigue siendo envidiable. MiFuturo 2024 reporta una empleabilidad del 92,5% al primer año de egreso, con ingresos brutos que rondan los CLP 1.719.151 al inicio y alcanzan CLP 2.730.598 hacia el quinto año. LinkedIn mantiene cerca de 750 vacantes activas permanentes para el título en el país.
El problema no es la cantidad de oportunidades. El problema es el contenido del rol.
Hoy, las funciones que definen al analista de operaciones junior (generar reportes semanales, construir dashboards, elaborar análisis de escenarios, redactar informes de gestión, modelar procesos en Excel) son precisamente las funciones que la IA generativa ejecuta con creciente eficiencia. McKinsey reporta que el 65% de las empresas ya utiliza IA generativa de forma regular en al menos una función de negocio, con los mayores impactos documentados en supply chain, recursos humanos, operaciones de servicio y finanzas. El mismo reporte señala incrementos de ingresos superiores al 5% en gestión de inventario y cadena de suministro en empresas que adoptan estas tecnologías.
Esto no significa que el ICI vaya a desaparecer. Significa que el valor diferencial del ICI está migrando: desde ejecutar análisis hacia diseñar los sistemas de decisión; desde construir los modelos hacia gobernar y auditar los modelos que otros construyen; desde optimizar los procesos hacia rediseñar la organización en torno a capacidades de IA.
El Índice Latinoamericano de Inteligencia Artificial 2025, elaborado por CENIA y CEPAL, documenta que Chile lidera la región con un puntaje de 70,5 sobre 100, con fortalezas en políticas públicas (83,2) y talento humano (84,7). Pero en adopción industrial, Chile cae al puesto 12 de 19 países, con apenas 39,3 puntos. Álvaro Soto, director del ILIA, lo dice sin eufemismos: “Los países tienen mucho interés, pero ningún sentido de urgencia. Estamos seis veces bajo el promedio mundial en inversión de IA sobre PIB per cápita.”
Ese rezago en adopción industrial no es un problema abstracto de política pública. Es el escenario concreto donde operan hoy los ingenieros civiles industriales chilenos. Y expone una paradoja: el país tiene el talento y las políticas, pero no está convirtiendo esa ventaja en transformación productiva real. Solo el 25% de los proyectos de IA en la minería chilena logra una integración operacional completa; el resto queda atrapado en pilotos aislados sin escala. Y la minería, recuérdese, es el sector con mayor inversión en IA del país.
¿Quién lidera esa transición de piloto a escala? Debería ser el ICI. Pero solo puede hacerlo si tiene las competencias para ello.
Lo que los casos reales nos enseñan
El diagnóstico no sería completo sin observar lo que ya está ocurriendo en Chile y Latinoamérica.
Codelco trabaja con gemelos digitales en sus divisiones más complejas y ha documentado que más del 81% de las fallas críticas en sus operaciones son anticipables con IA. BHP Escondida opera camiones 100% autónomos y utiliza cascos inteligentes con sensores que miden la fatiga del operador en tiempo real. Los bancos más grandes del país —Banco de Chile, Santander, BCI— tienen chatbots que resuelven cerca del 80% de las consultas sin intervención humana. Walmart desplegó sistemas multi-agente que comprimen plazos de moda en hasta 18 semanas y orquestan inventario de extremo a extremo.
Estas implementaciones no las lideraron exclusivamente ingenieros en computación o científicos de datos. Las lideraron profesionales con pensamiento sistémico, conocimiento de procesos y capacidad de traducir problemas de negocio en requerimientos técnicos. Ese es, exactamente, el perfil del ICI.
Pero solo cuando ese ICI tiene competencias actualizadas en IA. Cuando sabe qué es un modelo de lenguaje y cuáles son sus límites. Cuando puede diseñar un caso de uso con criterios de ROI y gobernanza. Cuando puede gestionar el cambio organizacional que implica rediseñar un proceso alrededor de una herramienta de automatización. Cuando puede hacer las preguntas correctas al equipo de datos, aunque no sea quien programa los modelos.
La crítica que esta fecha merece
El Día Nacional de la Ingeniería no debería ser solo una celebración. Debería ser también una rendición de cuentas.
A las facultades e instituciones formadoras, les corresponde una reflexión honesta: la velocidad de actualización curricular en IA generativa es incompatible con la velocidad del cambio que está viviendo el mercado. Un proceso de reforma curricular que tarda tres o cuatro años en implementarse no responde a un entorno que cambia en ciclos de doce a dieciocho meses. El modelo que deposita la responsabilidad del upskilling exclusivamente en el postgrado o en la iniciativa individual del profesional es, a esta altura, una omisión con consecuencias reales para los egresados.
A los Ingenieros Civiles Industriales en ejercicio, les corresponde una pregunta igualmente incómoda: ¿cuándo fue la última vez que incorporaron de manera sistemática una herramienta de IA generativa a su trabajo diario? No como curiosidad. Como competencia profesional. Talento Digital para Chile estima un déficit de 5.000 talentos digitales por año en el país. El mercado no espera. Coursera documenta un crecimiento del 425% en inscripciones de IA generativa en Latinoamérica durante 2024. La demanda de upskilling existe. La pregunta es si los profesionales la están atendiendo con la urgencia que el momento requiere.
A los empleadores y líderes de organizaciones, les corresponde dejar de tratar la capacitación en IA como una iniciativa de Recursos Humanos y comenzar a tratarla como una decisión estratégica. El mismo estudio de Entel Digital, Cámara Nacional de Comercio y OTIC Sofofa (2024) sobre más de 1.100 trabajadores chilenos muestra que solo el 39% de las pymes ofrece planes de formación digital, frente al 55% de las grandes empresas. Esa brecha no es solo tecnológica. Es competitiva.
El ICI tiene una oportunidad histórica, pero tiene una ventana
Hay algo que los datos también muestran con claridad: la Inteligencia Artificial Generativa no reemplaza el pensamiento sistémico. No reemplaza la capacidad de diseñar organizaciones. No reemplaza el criterio para evaluar qué problema vale la pena resolver y cuál es la solución que puede escalarse. No reemplaza la habilidad de gestionar equipos en procesos de cambio cultural profundo.
Esas son, precisamente, las fortalezas históricas del Ingeniero Civil Industrial.
El WEF Future of Jobs 2025 mantiene el pensamiento analítico como la habilidad más demandada por los empleadores a nivel global. Identifica como las más valoradas aquellas que combinan razonamiento cuantitativo con capacidad de liderazgo y adaptabilidad. El perfil del ICI encaja en esa descripción mejor que casi cualquier otro título de la región.
Pero esa ventaja competitiva no es permanente ni automática. Se construye con actualización deliberada. Se mantiene con formación continua. Y se pierde, rápidamente, si la profesión se aferra al statu quo mientras el mercado redefinió las reglas del juego.
Conclusión: reconstruir, como siempre, pero esta vez antes del terremoto
En 1647, los ingenieros reconstruyeron Santiago después del desastre. Esa es la historia que recordamos hoy.
En 2025, el desafío es diferente. La sacudida ya comenzó, pero todavía hay tiempo de actuar antes de que el daño sea irreparable. Todavía hay tiempo de rediseñar currículos. De actualizar competencias. De liderar transformaciones en vez de administrar adaptaciones tardías.
La Ingeniería Civil Industrial tiene todo lo que se necesita para ser protagonista de la era de la IA en Chile y en América Latina: formación cuantitativa, pensamiento sistémico, capacidad de gestión y presencia en los sectores más estratégicos de la economía regional.
Lo que necesita ahora es urgencia. Y la voluntad colectiva —de escuelas, profesionales y empleadores— de transformarse con la misma determinación con que, hace casi cuatro siglos, sus predecesores levantaron una ciudad desde los escombros.
A las y los colegas Feliz Día!
Atte.
Rodrigo Carrillo, Ingeniero Civil Industrial (Colegio de Ingenieros de Chile, REG 28.782)
Consultor Internacional en Innovación y Transformación basada en Inteligencia Artificial – Socio Sube IA – VP ACHIADS
Publicado con ocasión del Día Nacional de la Ingeniería en Chile, 14 de mayo.
Fuentes principales: McKinsey Global Institute (2024), World Economic Forum Future of Jobs Report (2025), CEPAL/Jung-Katz “Impacto económico de la IA en América Latina” (2024), Índice Latinoamericano de Inteligencia Artificial ILIA/CENIA (2025), MiFuturo (2024), Entel Digital + CNC + OTIC Sofofa (2024), Coursera Global Skills Report (2024-2025), TrendTIC (2025), Chile Minería (2025).
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