El reciente informe del FMI deja una señal incómoda pero necesaria para Chile: no basta con usar inteligencia artificial. El verdadero reto es preparar a la fuerza laboral para generar productividad, adaptación y valor con ella.

En Chile estamos hablando cada vez más de inteligencia artificial.

La vemos en titulares, en charlas, en lanzamientos de Modelos (LatamGPT), en pilotos corporativos, en herramientas que empiezan a aparecer en áreas comerciales, de marketing, operaciones, recursos humanos, educación y servicio al cliente. Pero el reciente análisis del Fondo Monetario Internacional plantea una pregunta mucho más profunda que la conversación habitual: ¿estamos realmente preparando a nuestra fuerza laboral para la economía de las nuevas habilidades?

Y la respuesta, al menos para Chile, no debiera dejarnos tranquilos.

Más allá del entusiasmo por la tecnología, el FMI muestra que el mercado laboral global ya está siendo reconfigurado por la aparición y difusión de nuevas habilidades, especialmente en tecnologías de información e inteligencia artificial. Cerca de 1 de cada 10 vacantes en economías avanzadas ya exige al menos una habilidad nueva, mientras que en economías emergentes esa proporción es aproximadamente la mitad. Estas habilidades, además, se concentran en ocupaciones profesionales, técnicas y gerenciales, y tienden a emerger primero en economías avanzadas antes de difundirse al resto.

Este dato no es menor.

Porque revela que la conversación sobre IA no puede seguir reducida a herramientas, prompts o automatizaciones aisladas. Lo que está en juego es algo mucho más estructural: la capacidad de los países, las organizaciones y las personas para adaptarse a una economía donde el valor se desplazará, cada vez más, hacia quienes logren adquirir, combinar y aplicar nuevas capacidades con rapidez y criterio.

En ese contexto, la situación de Chile merece una lectura estratégica y no meramente descriptiva.

La nota de prensa del El Mercurio puso el foco en un dato llamativo: Chile aparece al final del grupo analizado por el FMI en preparación de trabajadores para adquirir nuevas habilidades, especialmente por debilidades en alfabetización, habilidades numéricas adultas y reconversión profesional. Pero quedarse solo con el ranking sería perder la parte más importante del diagnóstico.

Lo verdaderamente relevante es entender qué significa eso para las empresas chilenas.

El FMI construye su análisis a partir de dos ideas centrales.

La primera es que las nuevas habilidades sí están generando valor económico. El estudio encuentra que, en general, las vacantes que demandan nuevas habilidades se asocian con salarios más altos, y que en algunos mercados locales su difusión también se vincula a mayores niveles de empleo y mejores ingresos. Es decir, prepararse mejor no es solo una cuestión educativa o social: también es una cuestión de competitividad, productividad y crecimiento.

La segunda es que no toda habilidad relacionada con IA produce automáticamente resultados positivos para todos. El propio informe advierte que, aunque las vacantes que requieren habilidades nuevas asociadas a IA tienden a ofrecer mejores salarios, eso no se traduce necesariamente en más empleo agregado, y ciertos grupos pueden enfrentar mayores riesgos de desplazamiento, especialmente jóvenes y trabajadores en ocupaciones con alta exposición y baja complementariedad con IA.

Esto cambia por completo la forma en que debiéramos abordar el tema en Chile.

Porque el desafío ya no es simplemente “adoptar IA”.

El desafío real es desarrollar las capacidades humanas y organizacionales que permitan capturar su valor sin profundizar brechas de productividad, talento y empleabilidad.

Y ahí es donde, a mi juicio, muchas organizaciones aún están mirando el problema de forma demasiado estrecha.

Todavía se cree, con demasiada frecuencia, que la preparación para la IA se resuelve con acceso a licencias, con uno o dos talleres introductorios, o con cursos genéricos sobre herramientas. Pero la evidencia apunta en otra dirección: las economías mejor posicionadas no lo están por una acción aislada, sino por combinar educación pertinente, aprendizaje continuo, reconversión laboral y habilidades base sólidas en su población adulta. El propio FMI subraya que la preparación depende de sistemas de formación y entrenamiento que se refuerzan entre sí.

Por eso, para las empresas chilenas, la conversación correcta no debería ser “qué herramienta de IA vamos a probar este mes”, sino otra mucho más estratégica:

¿Qué habilidades nuevas necesitarán nuestros equipos para seguir siendo productivos y competitivos en los próximos tres años?

Esa pregunta obliga a cambiar el enfoque en al menos cinco dimensiones.

La primera es pasar de la curiosidad tecnológica a la estrategia de capacidades: La IA no debiera gestionarse como una moda ni como una iniciativa lateral de innovación. Debe abordarse como una agenda de transformación del trabajo. Eso implica identificar procesos, roles y decisiones donde la tecnología pueda aumentar valor, pero también detectar qué capacidades humanas faltan para que esa promesa se convierta en resultados reales.

La segunda es dejar de pensar la formación como algo genérico: Uno de los puntos más lúcidos recogidos en la nota local es que las experiencias de entrenamiento más efectivas ocurren cuando la empresa identifica tareas concretas donde un trabajador puede elevar su productividad, y luego le enseña a resolver problemas específicos con IA, no solo a conocer la herramienta. Esa distinción es decisiva. No sirve formar personas en abstracciones si el aprendizaje no conversa con el trabajo real.

La tercera es entender que el futuro no depende solo de perfiles altamente técnicos: El informe del FMI muestra que las nuevas habilidades IT se distribuyen mucho más allá de los perfiles tradicionales de informática. Incluso las habilidades de uso de IA aparecen repartidas en distintos campos de estudio, lo que refuerza una idea clave: muchas organizaciones no necesitarán únicamente más desarrolladores de IA, sino también más trabajadores capaces de utilizarla bien en funciones no técnicas.

La cuarta es asumir que el problema de Chile no es solo de adopción, sino de readiness: El propio informe ubica a Chile entre los países con menor nivel en el Skill Readiness Index, junto con Italia y Hungría, lo que refleja menor especialización terciaria en TI, menos oportunidades de reconversión y menores niveles de habilidades en la población adulta. En otras palabras, el desafío es más profundo que incorporar herramientas: se trata de fortalecer la capacidad del país para aprender, actualizarse y adaptarse.

La quinta es reconocer que esta agenda también es cultural, organizacional y ética: La incorporación de IA no solo redefine tareas. También redefine expectativas, formas de colaboración, criterios de calidad, liderazgo y aprendizaje. Una empresa que quiera transformar su operación con inteligencia artificial necesita algo más que tecnología: necesita dirección estratégica, acompañamiento al cambio y una ruta de upskilling y reskilling alineada con su negocio.

Desde mi experiencia trabajando en innovación, adopción de inteligencia artificial y formación para empresas y organizaciones, veo una y otra vez el mismo patrón: las organizaciones que avanzan mejor no son necesariamente las que parten con más recursos, sino las que entienden antes que la IA es, en esencia, una agenda de desarrollo de capacidades.

Ese es el punto de fondo.

Chile todavía está a tiempo de convertir este rezago en una oportunidad. Pero para eso necesitamos elevar la conversación.

  • Necesitamos que más directorios, gerencias y liderazgos entiendan que la capacitación en IA ya no puede seguir siendo una iniciativa secundaria o cosmética.
  • Necesitamos programas de formación pertinentes, aplicados y conectados con resultados.
  • Necesitamos rutas reales de upskilling y reskilling, diferenciadas por rol, proceso y madurez digital.
  • Necesitamos acompañar a las organizaciones para que no solo usen IA, sino que aprendan a trabajar mejor con ella.

Ese es, precisamente, uno de los grandes desafíos de esta década.

Y también una de las mayores oportunidades para quienes sepan actuar con tiempo.

Porque en la economía de las nuevas habilidades no ganarán simplemente quienes accedan antes a la tecnología.

Ganarán quienes desarrollen antes las capacidades para traducirla en productividad, innovación y valor sostenible.

Hoy, más que preguntarnos si Chile está usando inteligencia artificial, deberíamos preguntarnos algo mucho más importante:

¿Estamos formando a las personas y transformando las organizaciones con la velocidad y la profundidad que este nuevo ciclo exige?

Mi impresión es clara: todavía no lo suficiente.

Pero también creo que ahí está una de las mayores oportunidades para las empresas que decidan tomarse en serio esta transición.

Desde SUBE IA y SUBE Academia estamos convencidos de que la transformación con inteligencia artificial no se juega solo en la tecnología, sino en la capacidad de las organizaciones para desarrollar talento, rediseñar aprendizajes y conectar la IA con productividad real. Ese es el tipo de conversación estratégica que hoy más necesitamos impulsar en Chile.

Saludos, Rodrigo Carrillo González

Socio y Director, Sube IA | www.subeia.tech

Vicepresidente, ACHIADS | www.achiads.cl


admin

CONSULTOR DE PROYECTOS DE INNOVACIÓN, EMPRENDIMIENTO Y TECNOLOGÍA PARA ORGANIZACIONES EN CHILE Y LATINOAMÉRICA Ingeniero Civil Industrial con mención en Informática, apasionado por la Innovación, Emprendimiento y Tecnología. Stanford GSB Ignite

0 Comentarios

Agregar un comentario

Marcador de posición del avatar

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos requeridos están marcados *